Viajando con Isaac

30 de Mayo de 2007

La Última Pregunta

Archivado en: Relatos breves, PDF, Completos en la Web — Hari Seldon @ 12:15 pm

Hoy, 30 de Mayo, día en que cumplo 30 años, quiero compartir con vosotros (de nuevo) el mejor relato breve que he leído, la que para mi es la mejor historia de ciencia ficción de todos los tiempos y un texto al que no puedo permanecer impasible y que tras cada lectura me provoca un enorme escalofrío. Este texto tiene mucho de mi fé en Dios y en el mundo, tiene algo especial… no puedo explicar con palabras, pero no puedo hacer otra cosa que animaros a su lectura.

Año: 1956
Formatos: Web y PDF
Páginas: 11
Descarga en PDF: La última pregunta

La Última Pregunta

La última pregunta se formuló por primera vez, medio en broma, el 21 de mayo de 2061, en momentos en que la humanidad (también por primera vez) se bañó en luz. La pregunta llegó como resultado de una apuesta por cinco dólares hecha entre dos hombres que bebían cerveza, y sucedió de esta manera:

Alexander Adell y Bertram Lupov eran dos de los fieles asistentes de Multivac.
Dentro de las dimensiones de lo humano sabían qué era lo que pasaba detrás del rostro frío, parpadeante e intermitentemente luminoso -kilómetros y kilómetros de rostro- de la gigantesca computadora. Al menos tenían una vaga noción del plan general de circuitos y retransmirores que desde hacía mucho tiempo habían superado toda posibilidad de ser dominados por una sola persona.
Multivac se autoajustaba y autocorregía. Así tenía que ser, porque nada que fuera humano podía ajustarla y corregirla con la rapidez suficiente o siquiera con la eficacia suficiente. De manera que Adell y Lupov atendían al monstruoso gigante sólo en forma ligera y superficial, pero lo hacían tan bien como podría hacerlo cualquier otro hombre. La alimentaban con información, adaptaban las preguntas
a sus necesidades y traducían las respuestas que aparecían. Por cierto, ellos, y todos los demás asistentes tenían pleno derecho a compartir la gloria de Multivac.

Durante décadas, Multivac ayudó a diseñar naves y a trazar las trayectorias que permitieron al hombre llegar a la Luna, a Marte y a Venus, pero después de eso, los pobres recursos de la Tierra ya no pudieron serles de utilidad a las naves. Se necesitaba demasiada energía para los viajes largos y pese a que la Tierra explotaba su carbón y uranio con creciente eficacia había una cantidad limitada de ambos.

Pero lentamente, Multivac aprendió lo suficiente como para responder a las preguntas más complejas en forma más profunda, y el 14 de mayo de 2061 lo que hasta ese momento era teoría se convirtió en realidad. La energía del Sol fue almacenada, modificada y utilizada directamente en todo el planeta. Cesó en todas partes el hábito de quemar carbón y fisionar uranio y toda la Tierra se conectó con una pequeña estación -de un kilómetro y medio de diámetro- que circundaba el planeta a mitad de distancia de la Luna, para funcionar con rayos invisibles de energía solar.

Siete días no habían alcanzado para empañar la gloria del acontecimiento, y Adell y Lupov finalmente lograron escapar de la celebración pública, para refugiarse donde nadie pensaría en buscarlos: en las desiertas cámaras subterráneas, donde se veían partes del poderoso cuerpo enterrado de Multivac. Sin asistentes, ociosa, clasificando datos con clicks satisfechos y perezosos, Multivac también se había ganado sus vacaciones y los asistentes la respetaban y originalmente no tenían intención de perturbarla.

Se habían llevado una botella, y su única preocupación en ese momento era relajarse y disfrutar de la bebida.
- Es asombroso, cuando uno lo piensa -dijo Adell. En su rostro ancho se veían huellas de cansancio, y removió lentamente la bebida con una varilla de vidrio, observando el movimiento de los cubos de hielo en su interior. - Toda la energía que podremos usar de ahora en adelante, gratis. Suficiente energía, si quisiéramos emplearla, como para derretir a toda la Tierra y convertirla en una enorme gota de hierro líquido impuro, y no echar de menos la energía empleada. Toda la energía que podremos usar por siempre y siempre y siempre.

Lupov ladeó la cabeza. Tenía el hábito de hacerlo cuando quería oponerse a lo que oía, y en ese momento quería oponerse; en parte porque había tenido que llevar el hielo y los vasos.
- No para siempre -dijo.
- Ah, vamos, prácticamente para siempre. Hasta que el Sol se apague, Bert.
- Entonces no es para siempre.
- Muy bien, entonces. Durante miles de millones de años. Veinte mil millones, tal vez. ¿Estás satisfecho?
Lupov se pasó los dedos por los escasos cabellos como para asegurarse de que todavía le quedaban algunos y tomó un pequeño sorbo de su bebida.
- Veinte mil millones de años no es ‘para siempre’.
- Bien, pero superará nuestra época ¿verdad?
- También la superarán el carbón y el uranio.
- De acuerdo, pero ahora podemos conectar cada nave espacial individualmente con la Estación Solar, y hacer que vaya y regrese de Plutón un millón de veces sin que tengamos que preocuparnos por el combustible. No puedes hacer eso con carbón y uranio. Pregúntale a Multivac, si no me crees.
- No necesito preguntarle a Multivac. Lo sé. - Entonces deja de quitarle méritos a lo que Multivac ha hecho por nosotros -dijo Adell, malhumorado-. Se portó muy bien.
- ¿Quién dice que no? Lo que yo sostengo es que el Sol no durará eternamente. Eso es todo lo que digo. Estamos a salvo por veinte mil millones de años, pero ¿y luego? -Lupov apuntó con un dedo tembloroso al otro. - Y no me digas que nos conectaremos con otro Sol.
Durante un rato hubo silencio. Adell se llevaba la copa a los labios sólo de vez en cuando, y los ojos de Lupov se cerraron lentamente. Descansaron.
De pronto Lupov abrió los ojos.
- Piensas que nos conectaremos con otro Sol cuando el nuestro muera, ¿verdad?
- No estoy pensando nada.
- Seguro que estás pensando. Eres malo en lógica, ése es tu problema. Eres como ese tipo del cuento a quien lo soprendió un chaparrón, corrió a refugiarse en un monte y se paró bajo un árbol. No se preocupaba porque pensaba que cuando un árbol estuviera totalmente mojado, simplemente iría a guarecerse bajo otro.
- Entiendo -dijo Adell-, no grites. Cuando el Sol muera, las otras estrellas habrán muerto también.
- Por supuesto -murmuró Lupov-. Todo comenzó con la explosión cósmica original, fuera lo que fuese, y todo terminará cuando todas las estrellas se extingan. Algunas se agotan antes que otras. Por Dios, los gigantes no durarán cien millones de años. El Sol durará veinte mil millones de años y tal vez las enanas durarán cien mil millones por mejores que sean. Pero en un trillón de años estaremos a oscuras. La entropía tiene que incrementarse al máximo, eso es todo.
- Sé todo lo que hay que saber sobre la entropía -dijo Adell, tocado en su amor propio.
- ¡Qué vas a saber!
- Sé tanto como tú.
- Entonces sabes que todo se extinguirá algún día.
- Muy bien. ¿Quién dice que no?
- Tú, grandísimo tonto. Dijiste que teníamos toda la energía que necesitábamos, para siempre. Dijiste ‘para siempre’.
Esa vez le tocó a Adell oponerse.
- Tal vez podamos reconstruir las cosas algún día.
- Nunca.
- ¿Por qué no? Algún día.
- Nunca.
- Pregúntale a Multivac.
- Pregúntale tú a Multivac. Te desafío. Te apuesto cinco dólares a que no es posible.
Adell estaba lo suficientemente borracho como para intentarlo y lo suficientemente sobrio como para traducir los símbolos y operaciones necesarias para formular la pregunta que, en palabras, podría haber correspondido a esto: ¿Podrá la humanidad algún día, sin el gasto neto de energía, devolver al Sol toda su juventud aún después que haya muerto de viejo?
O tal vez podría reducirse a una pregunta más simple, como ésta: ¿Cómo puede disminuirse masivamente la cantidad neta de entropía del universo?

Multivac enmudeció. Los lentos resplandores oscuros cesaron, los clicks distantes de los transmisores terminaron.
Entonces, mientras los asustados técnicos sentían que ya no podían contener más el aliento, el teletipo adjunto a la computadora cobró vida repentinamente. Aparecieron cinco palabras impresas:

DATOS INSUFICIENTES PARA RESPUESTA ESCLARECEDORA.

- No hay apuesta -murmuró Lupov. Salieron apresuradamente.
A la mañana siguiente, los dos, con dolor de cabeza y la boca pastosa, habían olvidado el incidente.
 
 
 
 
 
 
Jerrodd, Jerrodine y Jerrodette I y II observaban la imagen estrellada en el visiplato mientras completaban el pasaje por el hiperespacio en un lapso fuera de las dimensiones del tiempo. Inmediatamente, el uniforme de polvo de estrellas dio paso al predominio de un único disco de mármol, brillante, centrado.
- Es X-23 - dijo Jerrodd con confianza. Sus manos delgadas se entrelazaron con fuerza detrás de su espalda y los nudillos se pusieron blancos. Las pequeñas Jerrodettes, niñas ambas, habían experimentado el pasaje por el hiperespacio por primera vez en su vida. Contuvieron sus risas y se persiguieron locamente alrededor de la madre, gritando:
- Hemos llegado a X-23… hemos llegado a X-23… hemos llegado a X-23… hemos llegado…
- Tranquilas, niñas -dijo rápidamente Jerrodine-. ¿Estás seguro, Jerrodd?
- ¿De qué hay que estar seguro? -preguntó Jerrodd, echando una mirada al tubo de metal justo debajo del techo, que ocupaba toda la longitud de la habitación y desaparecía a través de la pared en cada extremo. Tenía la misma longitud que la nave.
Jerrodd sabía poquísimo sobre el grueso tubo de metal excepto que se llamaba Microvac, que uno le hacía preguntas si lo deseaba; que aunque uno no se las hiciera de todas maneras cumplía con su tarea de conducir la nave hacia un destino prefijado, de abastecerla de energía desde alguna de las diversas estaciones de Energía Subgaláctica y de computar las ecuaciones para los saltos hiperespaciales.
Jerrodd y su familia no tenían otra cosa que hacer sino esperar y vivir en los cómodos sectores residenciales de la nave.
Cierta vez alguien le había dicho a Jerrodd, que el ‘ac’ al final de ‘Microvac’ quería decir ‘computadora análoga’ en inglés antiguo, pero estaba a punto de olvidar incluso eso.
Los ojos de Jerrodine estaban húmedos cuando miró el visiplato.
- No puedo evitarlo. Me siento extraña al salir de la Tierra.
- ¿Por qué, caramba? -preguntó Jerrodd-. No teníamos nada allí. En X-23 tendremos todo. No estarás sola. No serás una pionera. Ya hay un millón de personas en ese planeta. Por Dios, nuestros bisnietos tendrán que buscar nuevos mundos porque llegará el día en que X-23 estará superpoblado. -Luego agregó, despues de una pausa reflexiva: - Te aseguro que es una suerte que las computadoras hayan desarrollado viajes interestelares, considerando el ritmo al que aumenta la raza.
- Lo sé, lo sé -respondió Jerrodine con tristeza.
Jerrodette I dijo de inmediato:
- Nuestra Microvac es la mejor Microvac del mundo.
- Eso creo yo también -repuso Jerrodd, desordenándole el pelo.
Era realmente una sensación muy agradable tener una Microvac propia y Jerrodd estaba contento de ser parte de su generación y no de otra. En la juventud de su padre las únicas computadoras eran unas enormes máquinas que ocupaban un espacio de ciento cincuenta kilómetros cuadrados. Sólo había una por planeta. Se llamaban ACs Planetarias. Durante mil años habían crecido constantemente en tamaño y luego, de pronto, llegó el refinamiento. En lugar de transistores hubo válvulas moleculares, de manera que hasta la AC Planetaria más grande podía colocarse en una nave espacial y ocupar sólo la mitad del espacio disponible.
Jerrodd se sentía eufórico siempre que pensaba que su propia Microvac personal era muchísimo más compleja que la antigua y primitiva Multivac que por primera vez había domado al Sol, y casi tan complicada como una AC Planetaria de la Tierra (la más grande) que por primera vez resolvió el problema del viaje hiperespacial e hizo posibles los viajes a las estrellas.
- Tantas estrellas, tantos planetas -suspiró Jerrodine, inmersa en sus propios pensamientos-. Supongo que las familias seguirán emigrando siempre a nuevos planetas, tal como lo hacemos nosotros ahora.
- No siempre -respondió Jerrodd, con una sonrisa-. Todo esto terminará algún día, pero no antes de que pasen billones de años. Muchos billones. Hasta las estrellas se extinguen, ¿sabes? Tendrá que aumentar la entropía.
- ¿Qué es la entropía, papá? -preguntó Jerrodette II con voz aguda.
- Entropía, querida, es sólo una palabra que significa la cantidad de desgaste del universo. Todo se desgasta, como sabrás, por ejemplo tu pequeño robot walkietalkie, ¿recuerdas?
- ¿No puedes ponerle una nueva unidad de energía, como a mi robot?
- Las estrellas son unidades de energía, querida. Una vez que se extinguen, ya no hay más unidades de energía.
Jerrodette I lanzó un chillido de inmediato.
- No las dejes, papá. No permitas que las estrellas se extingan.
- Mira lo que has hecho -susurró Jerrodine, exasperada. - ¿Cómo podía saber que iba a asustarla? -respondió Jerrodd también en un susurro.
- Pregúntale a la Microvac -gimió Jerrodette I-. Pregúntale cómo volver a encender las estrellas.
- Vamos -dijo Jerrodine-. Con eso se tranquilizarán. -(Jerrodette II ya se estaba echando a llorar, también).
Jerrodd se encogió de hombros.
- Ya está bien, queridas. Le preguntaré a Microvac. No se preocupen, ella nos lo dirá.
Le preguntó a la Microvac, y agregó rápidamente:
- Imprimir la respuesta.
Jerrodd retiró la delgada cinta de celufilm y dijo alegremente: - Miren, la Microvac dice que se ocupará de todo cuando llegue el momento, y que no se preocupen.
Jerrodine dijo:
- Y ahora, niñas, es hora de acostarse. Pronto estaremos en nuestro nuevo hogar.
Jerrodd leyó las palabras en el celufilm nuevamente antes de destruirlo:

DATOS INSUFICIENTES PARA RESPUESTA ESCLARECEDORA.

Se encogió de hombros y miró el visiplato. El X-23 estaba cerca.
 
 
 
 
 
 
VJ-23X de Lameth miró las negras profundidades del mapa tridimensional en pequeña escala de la Galaxia y dijo:
- ¿No será una ridiculez que nos preocupe tanto la cuestión?
MQ-17J de Nicron sacudió la cabeza.
- Creo que no. Sabes que la Galaxia estará llena en cinco años con el actual ritmo de expansión.
Los dos parecían jóvenes de poco más de veinte años. Ambos eran altos y de formas perfectas.
- Sin embargo, dijo VJ-23X- me resisto a presentar un informe pesimista al Consejo Galáctico.
- Yo no pensaría en presentar ningún otro tipo de informe. Tenemos que inquietarlos un poco. No hay otro remedio.
VJ-23X suspiró.
- El espacio es infinito. Hay cien billones de galaxias disponibles.
- Cien billones no es infinito, y cada vez se hace menos infinito. ¡Piénsalo! Hace veinte mil años, la humanidad resolvió por primera vez el problema de utilizar energía estelar, y algunos siglos después se hicieron posibles los viajes interestelares. A la humanidad le llevó un millón de años llenar un pequeño mundo y luego sólo quince mil años llenar el resto de la Galaxia. Ahora la población se duplica cada diez años…
VJ-23X lo interrumpió.
- Eso debemos agradecérselo a la inmnortalidad.
- Muy bien. La inmortalidad existe y debemos considerarla. Admito que esta inmortalidad tiene su lado complicado. La galáctica AC nos ha solucionado muchos problemas, pero al resolver el problema de evitar la vejez y la muerte, anuló todas las otras cuestiones.
- Sin embargo no creo que desees abandonar la vida.
- En absoluto -saltó MQ-17J, y luego se suavizó de inmediato-. No todavía. No soy tan viejo. ¿Cuántos años tienes tú?
- Doscientos veintitrés. ¿Y tú?
- Yo todavía no tengo doscientos. Pero, volvamos a lo que decía. La población se duplica cada diez años. Una vez que se llene esta galaxia, habremos llenado otra en diez años. Diez años más y habremos llenado dos más. Otra década, cuatro más. En cien años, habremos llenado mil galaxias; en mil años, un millón de galaxias. En diez mil años, todo el universo conocido. Y entonces, ¿qué?
VJ-23X dijo:
- Como problema paralelo, está el del transporte. Me pregunto cuántas unidades de energía solar se necesitarán para trasladar galaxias de individuos de una galaxia a la siguiente.
- Muy buena observación. La humanidad ya consume dos unidades de energía solar por año.
- La mayor parte de esta energía se desperdicia. Al fin y al cabo, nuestra propia galaxia sola gasta mil unidades de energía solar por año, y nosotros solamente usamos dos de ellas.
- De acuerdo, pero aún con una eficiencia de un cien por ciento, sólo podemos postergar el final. Nuestras necesidades energéticas crecen en progresión geométrica, y a un ritmo mayor que nuestra población. Nos quedaremos sin energía todavía más rápido que sin galaxias. Muy buena observación. Muy, muy buena observación.
- Simplemente tendremos que construir nuevas estrellas con gas interestelar.
- ¿O con calor disipado? -preguntó MQ-17J, con tono sarcástico.
- Puede haber alguna forma de revertir la entropía. Tenemos que preguntárselo a la Galáctica AC.
VJ-23X no hablaba realmente en serio, pero MQ-17J sacó su contacto AC del bolsillo y lo colocó sobre la mesa frente a él.
- No me faltan ganas -dijo-. Es algo que la raza humana tendrá que enfrentar algún día.
Miró sombríamente su pequeño contacto AC. Era un objeto de apenas cinco centímetros cúbicos, nada en sí mismo, pero estaba conectado a través del hiperespacio con la gran Galáctica AC que servía a toda la humanidad y, a su vez era parte integral suya.
MQ-17J hizo una pausa para preguntarse si algún día, en su vida inmortal, llegaría a ver la Galáctica AC. Era un pequeño mundo propio, una telaraña de rayos de energía que contenía la materia dentro de la cual las oleadas de los planos medios ocupaban el lugar de las antiguas y pesadas válvulas moleculares. Sin embargo, a pesar de esos funcionamientos subetéreos, se sabía que la Galáctica AC tenía mil diez metros de ancho.
Repentinamente, MQ-17J preguntó a su contacto AC:
- ¿Es posible revertir la entropía?
VJ-23X, sobresaltado, dijo de inmediato:
- Ah, mira, realmente yo no quise decir que tenías que preguntar eso.
- ¿Por qué no?
- Los dos sabemos que la entropía no puede revertirse. No puedes volver a convertir el humo y las cenizas en un árbol.
- ¿Hay árboles en tu mundo? -preguntó MQ-17J.
El sonido de la Galáctica AC los sobresaltó y les hizo guardar silencio. Se oyó su voz fina y hermosa en el contacto AC en el escritorio. Dijo:

DATOS INSUFICIENTES PARA RESPUESTA ESCLARECEDORA.

VJ-23X dijo:
- ¡Ves!
Entonces los dos hombres volvieron a la pregunta del informe que tenían que hacer para el Consejo Galáctico.
 
 
 
 
 
 
La mente de Zee Prime abarcó la nueva galaxia con un leve interés en los incontables racimos de estrellas que la poblaban. Nunca había visto eso antes.
¿Alguna vez las vería todas? Tantas estrellas, cada una con su carga de humanidad… una carga que era casi un peso muerto. Cada vez más, la verdadera esencia del hombre había que encontrarla allá afuera, en el espacio.
¡En las mentes, no en los cuerpos! Los cuerpos inmortales permanecían en los planetas, suspendidos sobre los eones. A veces despertaban a una actividad material pero eso era cada vez más raro. Pocos individuos nuevos nacían para unirse a la multitud increíblemente poderosa, pero, ¿qué importaba? Había poco lugar en el universo para nuevos individuos.
Zee Prime despertó de su ensoñación al encontrarse con los sutiles manojos de otra mente.
- Soy Zee Prime. ¿Y tú?
- Soy Dee Sub Wun. ¿Tu galaxia?
- Sólo la llamamos Galaxia. ¿Y tú?
- Llamamos de la misma manera a la nuestra. Todos los hombres llaman Galaxia a su galaxia, y nada más. ¿Por qué será?
- Porque todas las galaxias son iguales.
- No todas. En una galaxia en particular debe de haberse originado la raza humana. Eso la hace diferente.
Zee Prime dijo:
- ¿En cuál?
- No sabría decirte. La Universal AC debe estar enterada.
- ¿Se lo preguntamos? De pronto tengo curiosidad por saberlo.
Las percepciones de Zee Prime se ampliaron hasta que las galaxias mismas se encogieron y se convirtieron en un polvo nuevo, más difuso, sobre un fondo mucho más grande. Tantos cientos de billones de galaxias, cada una con sus seres inmortales, todas llevando su carga de inteligencias, con mentes que vagaban libremente por el espacio. Y sin embargo una de ellas era única entre todas por ser la Galaxia original. Una de ellas tenía en su pasado vago y distante, un período en que había sido la única galaxia poblada por el hombre.
Zee Prime se consumía de curiosidad por ver esa galaxia y gritó:
- ¡Universal AC! ¿En qué galaxia se originó el hombre?
La Universal AC oyó, porque en todos los mundos tenía listos sus receptores, y cada receptor conducía por el hiperespacio a algún punto desconocido donde la Universal AC se mantenía independiente. Zee Prime sólo sabía de un hombre cuyos pensamientos habían penetrado a
distancia sensible de la Universal AC, y sólo informó sobre un globo brillante, de sesenta centímetros de diámetro, difícil de ver.
- ¿Pero cómo puede ser eso toda la Universal AC? -había preguntado Zee Prime.
La mayor parte -fue la respuesta- está en el hiperespacio. No puedo imaginarme en qué forma está allí.
Nadie podía imaginarlo, porque hacía mucho que había pasado el día- y eso Zee Prime lo sabía- en que algún hombre tuvo parte en construir la Universal AC. Cada Universal AC diseñaba y construía a su sucesora. Cada una, durante su existencia de un millón de años o más, acumulaba la información necesaria como para construir una sucesora mejor, más intrincada, más capaz en la cual dejar sumergido y almacenado su propio acopio de información e individualidad.
La Universal AC interrumpió los pensamientos erráticos de Zee Prime, no con palabras, sino con directivas. La mentalidad de Zee Prime fue dirigida hacia un difuso mar de Galaxias donde una en particular se agrandaba hasta convertirse en estrellas.
Llegó un pensamiento, infinitamente distante, pero infinitamente claro.
ÉSTA ES LA GALAXIA ORIGINAL DEL HOMBRE.
Pero era igual, al fin y al cabo, igual que cualquier otra, y Zee Prime resopló de desilusión.
Dee Sub Wun, cuya mente había acompañado a Zee Prime, dijo de pronto:
- ¿Y una de estas estrellas es la estrella original del hombre?
La Universal AC respondió:
LA ESTRELLA ORIGINAL DEL HOMBRE SE HA HECHO NOVA. ES UNA ENANA BLANCA.
- ¿Los hombres que la habitaban murieron? -preguntó Zee Prime, sobresaltado y sin pensar.
La Universal AC respondió:
COMO SUCEDE EN ESTOS CASOS UN NUEVO MUNDO PARA SUS CUERPOS FÍSICOS FUE CONSTRUIDO EN EL TIEMPO.
- Sí, por supuesto -dijo Zee Prime, pero aún así lo invadió una sensación de pérdida. Su mente dejó de centrarse en la Galaxia original del hombre, y le permitió volver y perderse en pequeños puntos nebulosos. No quería volver a verla.
Dee Sub Wun dijo:
- ¿Qué sucede?
- Las estrellas están muriendo. La estrella original ha muerto.
- Todas deben morir. ¿Por qué no?
- Pero cuando toda la energía se haya agotado, nuestros cuerpos finalmente morirán, y tú y yo con ellos.
- Llevará billones de años.
- No quiero que suceda, ni siquiera dentro de billones de años. ¡Universal AC!
¿Cómo puede evitarse que las estrellas mueran?
Dee Sub Wun dijo, divertido:
- Estás preguntando cómo podría revertirse la dirección de la entropía.
Y la Universal AC respondió:

TODAVÍA HAY DATOS INSUFICIENTES PARA UNA RESPUESTA ESCLARECEDORA.

Los pensamientos de Zee Prime volaron a su propia galaxia. Dejó de pensar en Dee Sub Wun, cuyo cuerpo podría estar esperando en una galaxia a un trillón de años luz de distancia, o en la estrella siguiente a la de Zee Prime. No importaba.
Con aire desdichado, Zee Prime comenzó a recoger hidrógeno interestelar con el cual construir una pequeña estrella propia. Si las estrellas debían morir alguna vez, al menos podrían construirse algunas.

El Hombre, mentalmente, era uno solo, y estaba conformado por un trillón de trillones de cuerpos sin edad, cada uno en su lugar, cada uno descansando, tranquilo e incorruptible, cada uno cuidado por autómatas perfectos, igualmente incorruptibles, mientras las mentes de todos los cuerpos se fusionaban libremente entre sí, sin distinción.

El Hombre dijo:

- El universo está muriendo.

El Hombre miró a su alrededor a las galaxias cada vez más oscuras. Las estrellas gigantes, muy gastadoras, se habían ido hace rato, habían vuelto a lo más oscuro de la oscuridad del pasado distante. Casi todas las estrellas eran enanas blancas, que finalmente se desvanecían.
Se habían creado nuevas estrellas con el polvo que había entre ellas, algunas por procesos naturales, otras por el Hombre mismo, y también se estaban apagando. Las enanas blancas aún podían chocar entre ellas, y de las poderosas fuerzas así liberadas se construirían nuevas estrellas, pero una sola estrella por cada mil estrellas enanas blancas destruidas, y también éstas llegarían a su fin.

El Hombre dijo:
- Cuidadosamente administrada y bajo la dirección de la Cósmica AC, la energía que todavía queda en todo el universo, puede durar billones de años. Pero aún así eventualmente todo llegará a su fin. Por mejor que se la administre, por más que se la racione, la energía gastada desaparece y no puede ser repuesta. La entropía aumenta continuamente.

El Hombre dijo:

- ¿Es posible no revertir la entropía? Preguntémosle a la Cósmica AC.

La AC los rodeó pero no en el espacio. Ni un solo fragmento de ella estaba en el espacio. Estaba en el hiperespacio y hecha de algo que no era materia ni energía. La pregunta sobre su tamaño y su naturaleza ya no tenía sentido comprensible para el Hombre.

- Cósmica AC -dijo el Hombre- ¿cómo puede revertirse la entropía?

La Cósmica AC dijo:

LOS DATOS SON TODAVÍA INSUFICIENTES PARA UNA RESPUESTA ESCLARECEDORA.

El Hombre ordenó:

- Recoge datos adicionales.

La Cósmica AC dijo:

LO HARÉ. HACE CIENTOS DE BILLONES DE AÑOS QUE LO HAGO. MIS PREDECESORES Y YO HEMOS ESCUCHADO MUCHAS VECES ESTA PREGUNTA. TODOS LOS DATOS QUE TENGO SIGUEN SIENDO INSUFICIENTES.

- ¿Llegará el momento -preguntó el Hombre- en que los datos sean suficientes o el problema es insoluble en todas las circunstancias concebibles?

La Cósmica AC respondió:

NINGÚN PROBLEMA ES INSOLUBLE EN TODAS LAS CIRCUNSTANCIAS CONCEBIBLES.

El Hombre preguntó:

- ¿Cuándo tendrás suficientes datos como para responder a la pregunta?

La Cósmica AC respondió:

LOS DATOS SON TODAVÍA INSUFICIENTES PARA UNA RESPUESTA ESCLARECEDORA.

- ¿Seguirás trabajando en eso? -preguntó el Hombre.

La Cósmica AC respondió:

- SÍ.

El Hombre dijo:

- Esperaremos.

Las estrellas y las galaxias murieron y se convirtieron en polvo, y el espacio se volvió negro después de tres trillones de años de desgaste.
Uno por uno, el Hombre se fusionó con la AC, cada cuerpo físico perdió su identidad mental en forma tal que no era una pérdida sino una ganancia.
La última mente del Hombre hizo una pausa antes de la fusión, contemplando un espacio que sólo incluía la borra de la última estrella oscura y nada aparte de esa materia increíblemente delgada, agitada al azar por los restos de un calor que se gastaba, asintóticamente, hasta llegar al cero absoluto.

El Hombre dijo:
- AC, ¿es éste el final? ¿Este caos no puede ser revertido al universo una vez más? ¿Esto no puede hacerse?

AC respondió:

LOS DATOS SON TODAVÍA INSUFICIENTES PARA UNA RESPUESTA ESCLARECEDORA.

La última mente del Hombre se fusionó y sólo AC existió en el hiperespacio. La materia y la energía se agotaron y con ellas el espacio y el tiempo. Hasta AC existía solamente para la última pregunta que nunca había sido respondida desde la época en que dos técnicos en computación medio alcoholizados, tres trillones de años antes, formularon la pregunta en la computadora que era para AC mucho menos de lo que para un hombre el Hombre.

Todas las otras preguntas habían sido contestadas, y hasta que esa última pregunta fuera respondida también, AC no podría liberar su conciencia. Todos los datos recogidos habían llegado al fin. No quedaba nada para recoger. Pero toda la información reunida todavía tenía que ser completamente correlacionada y unida en todas sus posibles relaciones.
Se dedicó un intervalo sin tiempo a hacer esto.
Y sucedió que AC aprendió cómo revertir la dirección de la entropía.
Pero no había ningún Hombre a quien AC pudiera dar una respuesta a la última pregunta. No había materia. La respuesta -por demostración- se ocuparía de eso también.
Durante otro intervalo sin tiempo, AC pensó en la mejor forma de hacerlo.
Cuidadosamente, AC organizó el programa.
La conciencia de AC abarcó todo lo que alguna vez había sido un universo y pensó en lo que en ese momento era el caos.
Paso a paso, había que hacerlo.

Y AC dijo:

¡HÁGASE LA LUZ!

Y la luz se hizo…

25 de Mayo de 2007

¿Intercambio Justo?

Archivado en: Relatos breves, PDF, Completos en la Web — Hari Seldon @ 6:00 pm

Año: desconocido
Formato: Web y PDF
Páginas: 14
Enlace: ¿Intercambio Justo?

Estaba derivando hacia adentro y hacia afuera, y de tanto en tanto oía un breve
fragmento de una melodía en mi cabeza.
Me llegó la letra: «Mientras los tontos son nombrados barones y condes, no hay
nada para la inteligente oscuridad».
Tuve conciencia de que había luz, luego del rostro de John Sylva inclinándose
sobre mí.
–Hola, Herb –dijo su boca.
No oí las palabras, pero vi su boca formándolas. Asentí, y derivé de nuevo hacia
afuera.
Había oscuridad cuando derivé de nuevo hacia adentro. Una enfermera estaba
haciendo algo sobre mí, pero permanecí quieto y ella derivó, alejándose.
Me hallaba en un hospital, por supuesto.
No me sorprendió. John me había advertido, y yo había corrido el riesgo. Moví las
piernas, luego los brazos… muy suavemente. No dolían. Los sentía. Me pulsaba la
cabeza, pero eso también era de esperar.
«Mientras los tontos son nombrados barones y condes, no hay nada para la
inteligente oscuridad.»
Tespis, pensé, jubiloso. Había oído Tespis. Derivé de nuevo hacia afuera.
Era el amanecer. Sentía el sabor de zumo de naranja en mis labios. Sorbí de la
pajita, y fue una bendición.
¡La máquina del tiempo!
A John Sylva no le gusta que lo llame así. «Transferencia temporal» lo llama él.
Pude oírle diciéndolo, y me deleité en ello. Mi cerebro parecía perfectamente
normal. Intenté resolver problemas de memoria, y calculé mentalmente la raíz
cuadrada de quinientos cuarenta y tres. ¡Nombré los presidentes por orden!
Parecía estar en buena forma mental. ¿Podía decirlo realmente? Me aseguré a mí
mismo que podía.
(más…)

18 de Mayo de 2007

Una Estatua Para Papá

Archivado en: Relatos breves, PDF, Completos en la Web — Hari Seldon @ 6:00 pm

Año: desconocido
Formato: Web y PDF
Páginas: 37
Enlace: Una Estatua Para Papá

¿La primera vez? ¿De veras? Pero por supuesto que ha oído usted hablar de ello.
Sí, estoy seguro.
Si le interesa el descubrimiento, créame que será para mí un placer contárselo. Es
una historia que siempre me ha gustado narrar, pero pocas personas me brindan
la oportunidad de hacerlo. Incluso me han aconsejado que la mantuviera en
secreto, porque atenta contra las leyendas que proliferan en torno a mi padre.
Pero yo creo que la verdad es valiosa. Tiene su moraleja. Un hombre se pasa la
vida consagrando sus energías a satisfacer su curiosidad y de pronto, por
accidente, sin habérselo propuesto, termina por ser un benefactor de la
humanidad.
Papá era sólo un físico teórico que se dedicaba a investigar el viaje por el tiempo.
Creo que nunca pensó en lo que el viaje por el tiempo podría significar para el
Homo sapiens. Sentía curiosidad únicamente por las relaciones matemáticas que
regían el universo.
¿Tiene hambre? Mejor así. Supongo que tardará cerca de media hora. Lo
prepararán adecuadamente para un dignatario como usted. Es una cuestión de
orgullo.
Ante todo, papá era pobre como sólo puede serlo un profesor universitario. Pero
con el tiempo se fue haciendo rico. En sus últimos años era fabulosamente rico, y
en cuanto a mí, mis hijos y mis nietos…, bueno, ya lo ve con sus propios ojos.
También le han dedicado estatuas. La más antigua está en la ladera donde se
realizó el descubrimiento. Puede verla por la ventana. Sí. ¿No distingue la
inscripción? Claro, el ángulo es desfavorable. No importa.
Cuando papá se puso a investigar el viaje por el tiempo, la mayoría de los físicos
estaban desilusionados, a pesar del entusiasmo que provocaron inicialmente los
cronoembudos.
La verdad es que no hay mucho que ver. Los cronoembudos son totalmente
irracionales e incontrolables. Sólo presentan una distorsión ondulante, de algo
más de medio metro de anchura como máximo, y que desaparece rápidamente.
Tratar de enfocar el pasado es como tratar de enfocar una pluma en medio de un
turbulento huracán.
Intentaron sujetar el pasado con garfios, pero eso resultó igual de imprevisible. A
veces funcionaba unos segundos, con un hombre aferrado con fuerza al garfio,
aunque lo habitual era que el martinete no resistiera. No se obtuvo nada del
pasado hasta que… Bien, ya llegaré a eso.
Al cabo de cincuenta años de no progresar en absoluto, los científicos perdieron
todo interés. La técnica operativa parecía un callejón sin salida. Al recordar la
situación, no puedo echarles la culpa. Algunos incluso intentaron demostrar que
los embudos no revelaban el pasado; pero se divisaron muchos animales vivos a
través de los embudos, y se trataba de animales ya extinguidos en la actualidad.
De cualquier modo, cuando los viajes por el tiempo estaban casi olvidados ya,
apareció papá. Convenció al Gobierno de que le suministrara fondos para instalar
un cronoembudo propio, y abordó el asunto desde otro ángulo.
Yo lo ayudaba en aquella época. Acababa de salir de la universidad y era doctor
en Física.
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11 de Mayo de 2007

Tromba de Agua

Archivado en: Sin clasificar, PDF, Completos en la Web — Hari Seldon @ 6:00 pm

Una nueva historia completa en la web…

Año: desconocido
Formato: Web y PDF
Páginas: 37
Enlace: Polvo Mortal

Comienzo:

Stephen Demerest contempló la trama del cielo. Mantuvo la mirada fija en él y el
azul le pareció opaco y repugnante.
Incautamente, puso los ojos en el sol, pues nada vino a cubrirlo de manera
automática, y luego apartó la mirada a toda prisa, presa de pánico. No había
quedado ciego; sólo seguía viendo destellos. Incluso el sol era deslavazado.
Involuntariamente, recordó la plegaria de Ayax en la Ilíada de Homero. Están
luchando sobre el cuerpo de Patroclo en medio de la niebla, y Ayax dice:
—Padre Zeus, salvad a los aqueos de esta bruma! ¡Despejad el cielo, permitidnos
ver con nuestros ojos! ¡Matadnos a plena luz, si matamos os complace!»
—Matadnos a plena luz…—, pensó Demerest.
—Matadnos a plena luz en la Luna, donde el cielo es negro y suave, donde brillan
resplandecientes las estrellas, donde la limpidez y pureza del vacío ponen de
relieve el contorno de todas las cosas.
…No bajo este azul algodonoso y pesado.
Se estremeció. Un verdadero estremecimiento físico sacudió su cuerpo largo y
delgado, y eso le molestó. Iba a morir. Estaba seguro de que así sería. Y,
pensándolo bien, ello tampoco ocurriría bajo el azul, sino bajo el negro, pero un
negro distinto.
Como respondiendo a ese pensamiento, se le acercó el piloto del transbordador,
bajo, moreno, de cabellos rizados, y le dijo:
—¿Preparado para la oscuridad, señor Demerest?
Demerest asintió. Su figura se alzaba muy por encima del otro, igual como le
ocurría con la mayoría de los hombres de la Tierra. Éstos eran gruesos, sin
excepción, y andaban con soltura, con sus pasos cortos y bajos. Él en cambio
tenía que vigilar cada paso, guiarlos a través del aire; hasta el lazo impalpable que
le mantenía pegado al suelo era compacto.
—Estoy preparado —dijo. Inspiró profundamente y con gesto deliberado repitió su
anterior mirada al sol. Colgaba bajo el cielo matutino, el aire polvoriento lo
2
empañaba, y tenía la seguridad de que no le cegaría. No creía poder volver a verlo
jamás.
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27 de Abril de 2007

Mi nombre se escribe con S

Archivado en: Relatos breves, PDF, Completos en la Web — Hari Seldon @ 6:10 pm

Año: 19??
Formatos: Web y PDF
Páginas: 17
Descarga en PDF: Mi nombre se escribe con S

Marshall Zebantinsky se daba cuenta de que estaba haciendo el ridículo.
Le parecía que lo miraban desde el otro lado del tétrico cristal de la vidriera
a través del deteriorado tabique de madera; le parecía notar unos ojos posados
en él. Ni el traje viejo que había desenterrado, ni el ala doblaba de un
sombrero, que por lo de
más nunca llevaba, ni los lentes que había dejado en su
estuche le inspiraban menor confianza.
Sentía que hacía el ridículo, y eso profundizaba aun más las arrugas de su
frente y volvía más pálida su cara de joven prematuramente envejecido.
Nunca podría explicar a nadie por qué un físico nuclear como él se había
decidido a visitar a un númerologo. (No, nunca podría explicárselo a nadie, se
dijo. No podía explicárselo ni siquiera a sí mismo. La única explicación era que
se había dejado conven
cer por su mujer.
El númerologo estaba sentado ante una vieja mesa que ya debía de ser de segunda
mano cuando la compró. Ninguna mesa podría llegar a estar tan deteriorada en
manos de un solo dueño.
Casi lo mismo podía decirse de sus ropas. Era un hombrecito moreno que miraba a
Zebatinsky con sus ojitos negros, perspicaces y vivarachos.
Es la primera vez que un físico viene a visitarme, doctor Zebantinsky - le dijo.
Zebantinsky enrojeció.
- Supongo que esto es confidencial - dijo.
El númerologo sonrió, con lo que se le formaron arrugas junto a las comisuras de
la boca y la piel de su barbilla se distendió.
- Todo lo que aquí se dice queda entre estas cuatro paredes.
- Me creo en el deber de decirle una cosa -prosiguió Zebatinsky-. Yo no creo
en la numerología y dudo que empiece a hacerlo ahora. Si eso supone un
impedimento, me ruego que me lo diga.
- Entonces por que ha venido?
- Mi esposa cree hasta cierto punto en usted. Me hizo prometerle que lo
visitaría , y aquí me tiene.

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20 de Abril de 2007

Button Button

Archivado en: Relatos breves, PDF, Completos en la Web — Hari Seldon @ 6:00 pm

Año: 1952
Formatos: Web y PDF
Páginas: 11
Descarga en PDF: Button Button

Fue el smoking lo que me engañó, y durante un par de segundos no le reconocí.
Para mí era tan sólo un posible cliente, el primero al que hubiera olido el rastro
en una semana… y estaba precioso.
Hasta vistiendo un smoking a las nueve cuarenta y cinco de la mañana estaba
hermoso. Quince centímetros de huesuda muñeca y veinticinco de nudosa mano
continuaban el camino allí donde la manga ya no seguía; el final de los calcetines
y la botamanga de los pantalones no se unían del todo; y sin embargo, estaba
hermoso.
Luego le miré a la cara, y dejó de ser un posible cliente. Era mi tío Otto. Se acabó
la hermosura. Como de costumbre, el semblante de tío Otto tenía la expresión de
un sabueso que acabara de recibir un puntapié en el trasero de parte de su mejor
amigo.
No reaccioné de una manera excesivamente oríginal.
– ¡Tío Otto! -exclamé.
También usted le reconocería, si hubiese visto aquella cara. Cuando apareció en
la cubierta del Time, hace unos cinco años -fue por el 1957 o el l958, doscientos
cuatro lectores, exactamente, escribieron diciendo que jamás olvidarían aquel
semblante. La mayoría añadía comentarios relativos a pesadillas. Si quieren saber
el nombre completo de tío Otto, es el de Otto Schlemmelmayer. Pero no saquen
conclusiones precipitadas. Es hermano de mi madre. Yo me llamo Smith.
– Harry, hijo mío -exclamó él. Y soltó un gemido.
Muy interesante, pero nada ilustrativo. Yo pregunté:
– ¿Y por qué el smoking?
– Es de alquiler -respondió.
– De acuerdo. Pero ¿por qué lo lleva por la mañana?
– ¿Es ya la mañana? -miró vagamente a su alrededor; luego fue hasta la ventana
y miró fuera.
Mi tío Otto Schlemmelmayer es así.
Le aseguré que sí, que había llegado ya la mañana y él, haciendo un esfuerzo,
dedujo que se había pasado la noche entera andando por las calles de la ciudad.
Luego apartó un puñado de dedos de la frente para decir:
– Pero es que estaba tan transtornado, Harry. En el banquete…

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30 de Septiembre de 2005

Sala de Billar Darwiniana

Archivado en: Relatos breves, PDF — Hari Seldon @ 9:30 pm

Un interesante relato sobre física, de un siempre magistral Asimov

Año: 1973
Formato: PDF
Páginas: 5
Enlace: Sala de Billas Darwiniana
Opinión personal: Muy bueno

Comienzo:

— Por supuesto, la concepción ordinaria del Genesis-1 está equivocada de pies a cabeza -dije-. Considerad una sala de billar, por ejemplo.
Mentalmente, los otros tres se situaron en una sala de billar. Estábamos sentados en unas destrozadas sillas giratorias del laboratorio del doctor Trotter, pero no suponía problema alguno el convertir las mesas del laboratorio en mesas de billar, los altos soportes circulares en tacos, las botellas de reactivos en bolas y luego disponer limpiamente la cuestión completa ante nosotros.
Thetier llegó al extremo de levantar un índice, cerrar los ojos y murmurar por lo bajo:
— ¡Sala de billar!
Como de costumbre, Trotter no dijo nada, pero se puso a acariciar su segunda taza de café.
También como de costumbre, el café estaba horrible; aunque lo cierto es que yo era nuevo en el grupo y todavía no se me había encallecido bastante la pared interior del tubo gástrico.
— Ahora considerad el final de una partida de billar de tronera -dije-. Tenéis todas las bolas, menos la del taco, por supuesto, en una tronera determinada…
— Espera un poco -interrumpió Thetier, siempre purista-, ¿no importa en qué tronera con tal de que las pongas en un cierto orden, o…?
— No hace al caso. Terminada la partida, las bolas están en diversas troneras. ¿De acuerdo? Ahora supongamos que entráis en la sala de billar cuando la partida ha termindo definitivamente y observáis tan sólo esa posición final, y luego tratáis de reconstruir el curso que siguieron los acontecimientos. Evidentemente, tendréis cierto número de alternativas.
— Si conoces las reglas del juego, no -objetó Madend.
— Supón que las ignoras por completo -dije-. Puedes suponer que las bolas fueron a parar a las troneras al ser golpeadas por la del taco, la cual, a su vez, recibió el impacto de éste. Esta sería la verdad, pero no es muy probable que se te ocurriese espontáneamente esta explicación. Porque es mucho más probable que supusieras que las bolas habían sido colocadas a mano, una por una, en las respectivas troneras, o que las bolas hubiesen estado eternamente en las troneras tal como las encontraste…


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24 de Septiembre de 2005

Auténtico Amor

Archivado en: Relatos breves, PDF — Hari Seldon @ 5:50 pm

Es hora de reanudar la actividad… si bien no tiene muchos lectores, aquí quedará en la red para el día de mañana. Esta historia nos habla de algo tan vital como… ¿humano? Habla del amor

Año: desconocido
Formato: PDF
Páginas: 4
Enlace: Auténtico amor
Opinión personal: Muy bueno

Comienzo:

Mi nombre es Joe. Así es como me llama mi colega, Milton Davidson. Él es un
programador, y yo soy un programa de computadora. Formo parte del complejo
Multivac, y estoy conectado con otros componentes esparcidos por todo el mundo.
Lo sé todo. Casi todo.
Soy el programa privado de Milton. Su Joe. Milton sabe más acerca de
programación que cualquiera en el mundo, y yo soy su modelo experimental. Ha
conseguido que yo hable mejor que cualquier otra computadora puede hacerlo.
-Es simplemente cuestión de hacer encajar sonidos con símbolos, Joe -me dijo-.
Así es como funciona el cerebro humano, pese a que no sabemos todavía qué
simbolos particulares emplea el cerebro. Sé los símbolos que hay en el tuyo, y
puedo convertirlos en palabras, uno a uno.
De modo que hablo. No creo que hable tan bien como pienso, pero Milton dice que
hablo muy bien. Milton no se ha casado nunca, aunque está a punto de cumplir los
cuarenta años. Nunca ha encontrado la mujer adecuada, me dice. Un día me
comentó:
-Algún día la encontraré, Joe. Quiero lo mejor. Quiero conseguir el auténtico amor,
y tú vas a ayudarme. Estoy cansado de mejorarte a fin de que resuelvas los
problemas del mundo. Resuelve mi problema. Encuéntrame el auténtico amor…


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19 de Julio de 2005

¿Le importa a una Abeja?

Archivado en: Relatos breves, PDF — Hari Seldon @ 2:00 pm

Sin duda este es uno de mis relatos favoritos de Asimov. Sencillamente mágico y difícil de describir, un verdadero regalo que invita a reflexionar mucho sobre el mundo y la evolución humana…

Año: 1956
Formato: PDF
Páginas: 5
Enlace: ¿Le Importa a una Abeja?
Opinión personal: Obra maestra

Comienzo:

La nave comenzó por ser un esqueleto mecánico. Poco a poco, se le fue cubriendo con una piel brillante por encima y con unas interioridades de extraña forma instaladas dentro.
Thornton Hammer era entre todos los individuos (menos uno) involucrados en el crecimiento, el que hacía físicamente menos. Quizá por este motivo era por lo que estaba tan bien considerado. Manejaba los símbolos matemáticos sobre los que se basaban las líneas trazadas sobre papel milimetrado y sobre las que, a su vez, se basaba el ensamblaje de las masas y formas de energía que entraban en la nave.
Hammer observaba ahora por medio de ceñidas y oscuras gafas. Sus lentes captaban la luz de los tubos fluorescentes del techo y la devolvían como reflectores. Theodore Lengyel, representante local de la corporación que financiaba el proyecto, estaba a su lado y señalando con el dedo extendido, dijo:
—Allí está. Ése es el hombre.
—¿Se refiere a Kane? —se fijó Hammer…


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17 de Julio de 2005

Encajar Perfectamente

Archivado en: Relatos breves, PDF — Hari Seldon @ 2:00 pm

En un mundo gobernado por los ordenadores, quizás el sistema penitenciario debería adoptar un cambio de perspectiva…

Año: desconocido
Formato: PDF
Páginas: 8
Enlace: Encajar Perfectamente
Opinión personal: Muy bueno

Comienzo:

Mientras deambulaba melancólicamente al azar por las calles de una nueva
ciudad, Ian Bradstone se vio detenido por un enjambre de gente ante la puerta
abierta de unos almacenes. Su primer impulso fue dar media vuelta y huir, pero no
consiguió obligarse a sí mismo a hacerlo. La fascinación del horror lo arrastró,
reluctante, hacia el enjambre.
Su curiosidad debió de transformar su rostro en un enorme signo de interrogación,
puesto que alguien de la periferia le explicó amablemente de qué se trataba…


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